CATÁLOGO DE VENTAS




CATÁLOGO




Tizas partidas

de Karina Piriz

📖 Género: Cuentos | 📄 Páginas: 176 p. | 📏 Medidas: 21 x 15 cm.
🆔 ISBN: 978-631-00-9328-4. | 🚚 Envío: descuento por punto de entrega.
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"Karina Piriz vuelca 30 años de docencia en una narrativa ácida y honesta, donde la escuela pública es el último refugio frente a la intemperie social..."

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Las tizas partidas pero la esperanza intacta: la escuela resiste porque sueña.

Tizas partidas es el segundo libro de la escritora matancera Karina Piriz, quien, con una mirada ácida, vuelve a enfrentarnos a relatos que abordan la cruda realidad de la educación. Los personajes transitan experiencias jocosas, íntimas y de denuncia. Tras desempeñarse durante más de treinta años en el sistema educativo de la provincia de Buenos Aires, la autora construye estos relatos ficcionalizados, con la autoridad y conocimiento que le confiere su experiencia personal. El estilo literario de la autora dialoga con la crónica, la ficción histórica, el ensayo y la escritura del Yo, porque dichos géneros le permiten explorar una narrativa honesta. Literatura que avanza sobre el terreno social, realidad ficcionada, crónicas que denuncian las carencias donde el docente sostiene el deseo de aprender y donde muchas veces debe hacer uso de la gran convicción que posee en su labor para poder afrontar el trabajo diario.

Una madre planifica sus clases mientras “hace que mira la tele con los chicos”; su esposo prepara sándwiches de fiambre porque toda la familia recorta cartelitos para el Día del Niño; los padres de la escuela del barrio exigen a la escuela lo que ellos no pueden enseñar en sus hogares; la escuela de los suburbios oficia de centro de atención primaria de la violencia de género y gabinete de atención psicológica; padres que no comprenden que los maestros de la escuela pública no son sus empleados; enseñar a leer y escribir con cursiva, sin cursiva o sin anteojos; los trabajadores de la educación y auxiliares que encuentran en ese espacio la contención; familias que se forman, barrios que se construyen, parejas e hijos que crecen al amparo del sistema; la docencia en contextos democráticos y de represión; la escuela en contextos de pobreza y su asistencialismo y siempre, detrás de todo, el amor a una profesión.

Femicidio y otros cuentos

de Karina Piriz

📖 Género: Cuentos | 📄 Páginas: 112 p. | 📏 Medidas: 21 x 15 cm.
🆔 ISBN: 978-987-88-1647-0 | 🚚 Envío: descuento por punto de entrega.
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"Este libro trata de esas pequeñas violencias domésticas, institucionales, y cotidianas, casi imperceptibles..."

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No hay mujer que en el transcurso de su vida no haya pasado por violencia de género en alguna de sus manifestaciones. Muchas de nosotras fuimos criadas con el temor de salir a la calle con una minifalda. Fuimos niñas que jamás cuestionamos a los adultos a pesar de saber que no todos tenían una conducta proba. Crecimos en una cultura patriarcal que nos enseñó a mantener el silencio, comportándonos como mujeres sumisas y sometidas. Este libro trata de esas pequeñas violencias domésticas, institucionales, y cotidianas, casi imperceptibles.

La discusión está planteada en todas las mesas familiares: «Papá, no seas machirulo». La conciencia sobre la práctica estructural que viola los derechos humanos y nuestras libertades son explicitadas cada vez más. Con una narrativa dura, pero honesta, la autora nos sumerge en situaciones harto conocidas. Una niña viaja en colectivo y como otras mujeres, no importa la edad, sufre a diario el abuso sistemático hasta que algo sucederá pondrá fin a la vejación. La tragedia, es la marca ficcional que rompe con los eventos traumáticos. En sus cuentos, la autora plantea un camino violento que de algún modo deberá cambiar para lograr la comunión espiritual con el amor y el cuidado que debemos propender a nuestros seres queridos, en especial las mujeres. Dejamos a nuestras niñas un futuro abierto para la reconciliación consigo mismas y la búsqueda del lugar y rol que deberíamos tener en un mundo que ha cambiado, cuyos valores propugnan hacia la igualdad y recognition del papel de la mujer. En estos tiempos en que la abuelita no es una mujer mayor cuyo único destino se ciñe a la crianza de los nietos para que los jóvenes puedan trabajar, es necesario plantear la discusión abiertamente. Este libro aporta desde la ficción literaria imágenes que nos dejan pensando en las consecuencias de la falta de respeto y consideración por los deseos de las mujeres. Su sexualidad, la crianza, el abandono son temas que no pueden quedar al margen de una literatura feminista. Estos relatos se sumergen en las violencias por las cuales pasamos las mujeres e intentan con la ficción remedar la llaga, vengar la inocencia perdida o hacer justicia. Vivimos en una sociedad castigada por el miedo y la desconfianza. Miedo a caminar solas por la calle, a cualquier gesto de gentileza que puede conllevar doble intención; desconfianza de las personas que cuidan de nuestros hijos; complacencia ante las relaciones de pareja. Las situaciones se desarrollan en espacios muchas veces a la vista de todos: el colectivo, el ámbito familiar, la calle, el club, la escuela. Esta selección de cuentos desnuda verdades a voces, e intenta vislumbrar un camino hacia la reconciliación y la paz que todo ser humano merece para sí. Dialogan con la crónica y el relato histórico para plantear en términos ficcionales lo que parecería una exageración. En tiempos de scanner, e inteligencia artificial la medicina continúa sosteniendo, con las mujeres, la mismas prácticas obstétricas que dieron origen a la especialidad. La vida intrafamiliar es el seno de formación identitaria de nuestras niñas, futuras mujeres a las cuales ahora, además, se les exige ser empoderadas. ¿Quién soy y qué quiero? se pregunta llena de presiones uno de los personajes que podría ser hoy mismo, cualquiera de nosotras, tratando de llevar adelante hogares, trabajos y roles. Los movimientos feministas han logrado que las mujeres, ya adultas, pudiéramos revisar de la mano de las más jóvenes, prácticas instituidas, (familiares, educativas, sociales). Este libro ficcionaliza, en algunos casos en primera persona, la violencia sexual, doméstica, institucional, obstétrica, el acoso callejero y otras violencias simbólicas, instauradas e invisibilizadas, a las cuales decimos: «¡Basta!» Esperemos que la literatura ayude a encontrar las respuestas.

El viaje

de Karina Piriz

📖 Género: Cuentos | 📄 Páginas: 20 p. | 📏 Medidas: 10 x 15 cm.
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"El viaje es un recorrido por la memoria y los paisajes internos. Una obra que invita a la reflexión profunda sobre el destino..."

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El viaje es un recorrido por la memoria y los paisajes internos. Una obra que invita a la reflexión profunda sobre el destino y los encuentros fortuitos. Un trayecto literario que explora las emociones y los recuerdos que nos marcan en el camino de la vida, escrito con la sensibilidad característica de la autora.

sábado, 18 de julio de 2020

Cándida clama. Locuaz mudez

El dolor se hacía insoportable. Ya no podía tolerar el mínimo contacto sexual. La plenitud de los cuerpos vivida hasta hacía poco, ese amor que se concretaba bajo la dulzura del encuentro, el roce de las almas entregadas, se había destruido. Lo sabía, hacía tiempo nada era igual.  ¿Qué podría provocar semejante malestar, un cerramiento total de la vulva, el estrechamiento de la vagina, la rigidez corporal que se transmutaba al alma?

Visité a mi ginecólogo, no quedaba otra que consultar por los síntomas. Haber logrado la cita ansiada fue resultado de toda una Odisea: los turnos que se hacían eternos, meses que no disponía de turno: “aún no abrí agenda, llamáme la semana próxima”, “el doctor atiende en estos horarios”. Lograr coordinar un turno para el mes próximo y recibir una llamada el mismo día avisando que “el doctor suspendió los turnos de la fecha. Te doy para el mes próximo…” se transformó en una rutina.   Ver pasar los días, recrudecer el malestar, asistir al suicidio de la pareja anegada de felicidad, sucumbida de tristeza, ausente de la fiesta de estar juntos.

El día tan esperado llega para que el ginecólogo, varón profesional en el cuidado de la matriz reproductiva de las mujeres, intervenga y recomiende “trucos” para estimular la zona erógena, te mande una buscapina para relajarte, el uso de la vaselina para lubricar y unos polvitos mágicos de un precio sideral, (ya que nos los cubre la obra social) para higienizarte. Así te envía a casa sin parecer escuchar tus síntomas, el hecho de estar con una pareja estable y lavar a diario la ropa con jabón blanco (por insistentes recomendaciones previas que poco hicieron al problema con el que me enfrentaba).

Pasa un mes más, el dolor se hace más agudo y es un cactus laceroso el interior. El alma sufre de amor, el cuerpo también. Vuelta el trámite ingenioso de sacar un turno para ver el especialista que esta vez atisba a pensar en un análisis más profundo. Chistes que vuelven a repetirse en el consultorio: “siempre hay formas de consolarse”, “vos sos muy joven, hay que ponerle onda”. Hacer la aclaración pertinente de que tengo una pareja estable y somos fieles para que una risita socarrona se cuele entre sus labios y deje colgada la sospecha. El recorrido diagnóstico se torna interminable: abra las piernas, relaje y un instrumento fálico te penetra para revolver las tripas y ni siquiera advertir la falta de uno de los ovarios. El PAP está tercerizado en la clínica, no lo hace mi ginecólogo que ya había introducido sus dedos para auscultar la zona, así que vamos con la doctora encargada de esta práctica tan rutinaria. Una tras otras las mujeres van pasando. Ella ni siquiera se toma un respiro para decir #respire hondo”, introduce su espéculo y fin.

A la espera de los resultados vamos por el cultivo y nuevamente …” abra las piernas”.

Resultado: clamidia. La inquietud y preocupación se hizo presente y abrió las puertas de infierno. ¿Qué era esto y cómo lo habíamos adquirido? La voz del profesional no quería delatar la traición: “ a no ser que hayas compartido la ropa interior…” . El PAP daba señales de una lesión en el cuello del útero, los diagnósticos no eran causa y consecuencia uno de otro.

Todo para que al cabo de un mes volver al querido Doc. quien receta la medicación errónea. Confunde distraídamente clamidia con candidiasis. ¡Clamando esta mi alma y mi cuerpo harto de los manoseos de las prácticas médicas! ¡Vamos por los seis meses esperando se resuelva ese ardor que no es cándido! La espera, la esperanza que dejes de clamar por amor y te entregues cándida a los cuerpos…

Nuevamente “abra las piernas” y extraer tejido para ser biopsiado. Esperar resultados. Ya había pasado un año de exposiciones, desencuentros, dolores, esperanzas maltrechas. Hablar, discutir, indagar, sospechar… la infidelidad amenazante se había hecho presente.

Volver a los dos meses para repetir el circuito y asistir a nuevos abusos, de otro tipo, casí inconcebibles para una profesional que es una mujer que a diario da respuesta a otra mujer.

- ¿Te hiciste el análisis de HIV Y VDRL?

- No.

Pasaron cinco segundos en los cuales traté de asociar ideas, pensando las consecuencias de lo que me estaba diciendo, intenté dejar de lado los temores y afrontar lo impensado. Finalmente me pude rebelar para decir:

- Tengo una pareja estable, desde hace treinta años, y no he tenido otra relación y él tampoco.

- No hay forma de adquirir clamidia si no es a través del contacto sexual. Lamento tener que ser yo la que te lo diga. Yo no le miento a mis pacientes y estoy del lado de mis pacientes así que te creo que no tuviste relaciones… entonces la tuvo él.

Me paré frenética, desesperada por salir del consultorio lo antes posible, para dejar de escuchar aquello que no quería discutir con aquella persona ajena al más sublime amor, aquella que seguramente desconoce la paz de sentirse juntos. Me vio huir y me atajó.

-Bueno habrá que hablar nuevamente esta noche, le dije intentando dejarla tranquila mientras pensaba: ¡no te creo, no es así, me contagié tal vez en un baño!

Y mi vos tembló, el mentón se arrugó y tuve ganas de llorar.

- ¡A mis pacientes les tengo que decir la verdad! ¡Si vos supieras la cantidad de mujeres que pasan por acá todas enfermas y ninguno fue!

-Aaaa! Ya lo hablaron una vez. ¿Y él? ¿En el banquillo de los acusados lo negaba?

Yo con el picaporte en la mano y el ademán de abrir la puerta…

-La verdad que no quiero tener más esta charla doctora.

Ya estaba fuera del consultorio, se la ceremoniosa espera de diez mujeres más en el pasillo prontas a recibir el reto por la higiene de sus partes íntimas y el lavado de su ropa interior…

- Noo, ningún banquillo, ni acusado porque no tenemos esa relación.

Cerré la puerta para decir esto, no sea cosa que las chicas que esperaban se enteraran de la promiscuidad en ciernes que se debatía en el consultorio.

- Y bueno, mirá ¿vos sos docente? Una paciente mía, Mariana, que es Inspectora por esta zona se separó, ahora está tranquila con sus nenes y tiene una buena relación con sus ex que ya tiene un nene de dos años.

Y cuando dijo Mariana, Inspectora, la vi, la conozco. ¡Me agarró una tristeza! ¡Y tuve una vergüenza! Sabía que mi historia sería contada como la anécdota de la incrédula, de aquella que no había querido creer, pensaba en cómo miraría a la cara a Mariana la próxima vez que me la cruzara. Pensaba qué había pasado con aquél médico de la infancia que rectamente te revisaba sin dar lugar a ningún tipo de conversación o confidencia. Recordé lo recomendada que había sido esta doctora por otras mujeres. Intuí que tal vez su palabra había representado la válvula de salvataje de muchas mujeres, la determinación de sus existencias. Y juzgué: cómo una mujer podía sentirse más mujer, podía sentirse solidaria y militante clamando su verdad, la justicia de las cándidas.

                                                   Locuaz mudez


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